Karen Barbé Workshops
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31 Aug 2015

5 lessons I learned from the Royal School of Needlework


Two months doing nothing but embroidering. That was my life from late June to August when I attended the intensive embroidery certificate course at the Royal School of Needlework in England. And I can say without doubt that it's been one of my happiest and most enriching life episodes. Yes, I've learned a lot of new stitches and techniques but as it usually happens, it was people I knew, moments I lived and places I visited what made this time one I will cherish in my heart forever.

I have tons of pictures to share, where to start? Today I'm kicking off with the what I reckon are the most important and valuable lessons I've learned from this experience.

 1 · AGAIN. One of the things that struck me most when learning at the RSN was the exceptionally high standards they aim at every stitch. Is that last stitch slightly crooked but think no one will notice? Trust me, they will and moreover they will spot some mistakes you haven't even noticed. And that means only one thing: unpick and try it again. And of course, deal with frustration. I saw everything: desertions, deep breaths along a glass of water, anger, out-of-control laughs that ended up in tears. It feels awful in the moment but, we all know, there's no better way to learn than making mistakes.

2 · KNOW HOW TO EMBROIDER HARD. I attended the intensive summer course and it was hard every minute of it. That means doing roughly five to seven hours daily at the school and then following with another couple of hours at home in order to complete the assigned homework (some days I only managed to sleep three hours!) And with continued work comes all kind of pains in your body: neck, shoulders, arms, knees, eyes and hands (the suffering of my poor fingers it's another story and it deserves its own post). There were moments I was so exhausted (physical and mentally) that I felt like throwing my embroidery out of a window. Towards the end I came to realise there are some techniques for embroidering hard: distinguish there are some stitches that are easier or more enjoyable to do and they should be done when feeling tired, get to know the embroidery materials and their properties and when it's the most efficient time to work on them (especially referred to light sources availability), employ the best and most appropriate tools for embroidery (from using a comfortable chair to the best needles).

3 · PRACTICE IS THE ANSWER TO ALL QUESTIONS. It's obvious to say but if there's one secret to embroidery excellence, that is practice. And we are talking about years, decades. Our tutors would demonstrate new stitches gliding the needle and thread with such fluidity that it looked so easy to do. But that movement that appeared so effortlessly in their fingers turned into a major challenge when we gave it a try. There are no shortcuts nor magic formula, just practice.

4 · GET OUT OF YOUR COMFORT ZONE. In this course I was required to work on embroidered pieces which had their own requirements in terms of style and technique. I must confess that at some points it felt really tedious to devote such huge effort and time to these embroideries that are not quite of my liking. I felt bored embroidering flowers, a tree of life and such others, but because I was pushed out of my (embroidery) comfort zone that I was able to try and learn different needlework approaches that I'm certain will enrich my own practice in unexpected ways.

5 · THE POWER OF THREADS. For me one of the best lessons was realising that it's not only design and stitch technique that adds character to embroidery but the creative use of threads in it. From a nice colour palette to the mix of threads of different materials, thickness, texture and sheen, they can all make the simplest of stitches bring life and beauty to your embroidered piece.


In pictures: my wool colour range for Jacobean embroidery; tutors Becky Hogg and Kate Cross; Hampton Court Palace, home to RSN; yours truly; classmates Hiromi and Riitta; hands study of my classmates.


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Dos meses dedicada a nada más que a bordar. Así fue mi vida desde finales de junio hasta agosto cuando participé en el curso intensivo de certificación del Royal School of Needlework en Inglaterra. Y puedo decir sin duda alguna que ha sido uno de los capítulos más felices y enriquecedores de mi vida. Sí, aprendí montones de puntadas y nuevas técnicas pero como muchas veces ocurre, finalmente fueron las personas que conocí, los momentos que viví y los lugares que visité los que hicieron de este tiempo algo que guardaré en mi corazón para siempre.

Tengo miles de fotos para compartir, ¿por dónde comenzar? Hoy parto con lo que a mi parecer son las lecciones más importantes y valiosas que he aprendido de esta experiencia.

1 · DE NUEVO. Una de las cosas que más llamó mi atención cuando estuve en RSN eran los altísimos niveles de calidad y perfección que aspiran en cada puntada todos quienes enseñan y trabajan ahí. ¿Que esa última puntada quedó un poquito torcida pero crees que nadie se va a dar cuenta? Créeme, lo notarán y más encima encontrarán otros tantos errores que ni siquiera tú habías notado. Y eso quiere decir solo una cosa: deshacer e intentarlo de nuevo. Y claro, lidiar con la frustración. Vi de todo: deserciones, respiraciones profundas junto un vaso de agua, rabia, risas descontroladas que terminaban en lágrimas. En el momento se siente horrible pero, todos lo sabemos, cometer errores es la mejor manera de aprender.

2 · SABER BORDAR DURO. Me inscribí en el curso intensivo de verano y fue intenso en todos y cada uno de sus minutos. Eso significaba que debía bordar entre cinco a siete horas al día en la escuela y luego continuar por otras dos o tres en la casa para lograr terminar el bordado asignado al curso (¡algunos días solo alcancé a dormir tres horas!). Y con el trabajo repetitivo y las posturas continuadas surgen todo tipo de dolores: cuello, hombros, brazos, rodillas, ojos y manos (el sufrimiento de los pobres dedos es una historia aparte y merece su propio post). Había momentos en los que de tan extenuada (física y mentalmente) solo pensaba en tirar por la ventana mi bordado. Hacia el final vine a descubrir que bordar duro tiene su técnica: reconocer que hay puntadas que son más fáciles o gratas que otras y deben ser dejadas para cuando se esté cansada, conocer los materiales de bordado y sus propiedades y saber que hay determinadas horas del día en que en más eficiente trabajar en ellos (en especial referido a la disponibilidad de fuentes de luz), utilizar todas las herramientas adecuadas para la mejor ejecución del bordado (desde una buena silla hasta las mejores agujas).

3 · LA PRÁCTICA ES LA RESPUESTA A TODAS LAS PREGUNTAS. Es de perogrullo decirlo pero si es que hay un secreto para lograr la excelencia en el bordado, la respuesta es la práctica. Y hablamos de años, décadas. La fluidez con que las tutoras deslizaban la aguja y el hilo en cada demostración parecía que cada puntada nueva fuese cosa sencilla de lograr. Pero ese gesto que resultaba sin ningún esfuerzo en sus dedos se transformaba en un desafío de escala mayor al intentarlo. No hay atajos ni recetas, solo práctica.

4 · FUERA DE LA ZONA DE CONFORT. En este curso debía trabajar piezas de bordado que tenían sus propios requerimientos en términos de estilo y técnica. Debo confesar que en muchos momentos me resultaba tedioso dedicar tal cantidad de esfuerzo y tiempo a estos bordados que no son de toda mi predilección. Me aburría bordando flores, un árbol de la vida, entre otros, pero fue porque tuve que trabajar en terreno desconocido que pude practicar y aprender diferentes enfoques que estoy segura enriquecerán mi práctica de bordado de maneras inesperadas.

5 · EL PODER DE LOS HILOS. Para mí una de los mejores lecciones fue el darme cuenta de que la expresión de un bordado no reside exclusivamente en el diseño o en las puntadas utilizadas, sino también en el uso creativo de los hilos. Desde una buena paleta de color hasta la mezcla de hilados de distintos materiales, grosores, texturas y brillos, todos pueden hacer que la más sencilla de las puntadas imprima vida y belleza a la pieza de bordado.


En las fotos: mis colores de lana para el bordado jacobino; las tutoras Becky Hogg y Kate Cross; Hampton Court Palace, el hogar de RSN; vuestra servidora; mis compañeras Hiromi y Riitta; estudio de manos de mis compañeras de curso.

5 comments :

javu said...

Me encanta la experiencia que tuviste! Todo se ve tan fresco e interesante!

Montse Llamas said...

Qué ganas tenía de que contaras tu experiencia en el curso!

Me da vértigo solo de pensar en el rigor que requiere bordar profesionalmente. La dureza de conseguir la excelencia. Sobre todo pensando que probablemente la mayoría de las estudiantes que estabais allí erais ya grandes bordadoras...

A pesar de que yo sé que nunca me acercaré de lejos a semejante maestría, me parece muy motivador ver el proceso del aprendizaje. Y también el de la enseñanza seria, más allá de "pasar un rato divertido".

Interesante lo que cuentas también sobre el poder de los hilos.

Gracias, Karen. Abrazos.

Amara Montes said...

El camino a la excelencia es tan atrayente como duro y a veces aterrador por lo que hace sentir en cada una de las personas que lo persiguen... ya no sólo son los resultados sino como ese aprendizaje transforma.

Fotos y texto maravillosos, gracias por compartir la experiencia.

Marian said...

Mil gracias por compartir tu experiencia! Solo te digo que bordo desde hace un par de años...y me quedé enganchada de tal manera, que creo será para siempre, y algunos de los trabajos que me movilizaron para comenzar a investigar sobre esta labor fueron los tuyos...

Tu post me anima a seguir y seguir...

Gracias y un abrazo.
Mariana Murabito

Maru -ilovepurpura- said...

Sólo tengo para decir que no sólo admiro tu trabajo sino tu humildad y tus ganas de seguir aprendiendo! Que genial que hayas podido asistir a esa escuela y que bueno que compartas tu experiencia con nosotros. Un abrazo desde Neuquén, Argentina!