Karen Barbé Workshops
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24 Mar 2014

Putting on a leotard


One of the good things that comes with age is that you achieve a stronger awareness of what makes you truly happy. And with years I've come to realise that some of the plans that I thought would bring the ultimate sense of happiness to my life weren't such after all.

The idea of attending ballet classes had been in my to-do list for decades. I dreamed of practising every evening, using pointe shoes and learning to move my body with such a grace... So last year (at last) I signed up for classes. But it wasn't long before I realised ballet and I weren't meant for each other (I won't mention the rumbling landings on the floor after attempting pirouettes or the constant confusion between legs and arms positions.) I was defeated so I just tucked away my outfit in a drawer and that was it (ok, we could talk about persisting and not giving up in another post.)

So perhaps it wasn't a bright amateur ballet dancer career what I needed but a little partner eager to have fun jumping untiringly (until milk time). My niece has just started ballet classes and we hope it turns to be of her liking. But if not, she should know her aunt is ready to put on her black leotard again and jump with her and laugh at the memory of past plans.


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Una de las cosas buenas que llegan con los años es la capacidad de darse cuenta de qué cosas nos hacen verdaderamente felices. Y con los años he descubierto que algunos de los planes que pensaba que traerían la máxima sensación de felicidad a mi vida en realidad no eran tales.

La idea de ir a clases de ballet había estado en mi lista de pendientes por décadas. Soñaba con practicar cada tarde, usar zapatillas de punta y aprender a mover mi cuerpo con tal gracia... Así que (por fin) el año pasado me inscribí para ir a clases. Pero no tardé mucho en percatarme que el ballet y yo no estábamos hechos el uno para el otro (no voy a comentar los estrepitosos aterrizajes en el suelo luego de un intento de pirueta o la constante confusión de las posturas de piernas y brazos). Quedé derrotada así que fondeé mi traje en un cajón y se acabó la historia (sí, podríamos hablar de persistir y no darse por vencidos en otro post).

Pero quizás lo que necesitaba no era una carrera brillante como bailarina amateur sino que una pequeña compañera con ganas de pasarlo bien saltando incansablemente (hasta la hora de la leche). Mi sobrinita recién empezó a ir a clases de ballet y esperamos que resulte ser de su gusto. En caso de que no, ella tiene que saber que su tía está lista para ponerse la malla negra de nuevo y saltar con ella y reírse del recuerdo de los planes pasados.

10 comments :

Montse Llamas said...

Pues a mí me pasó lo mismo hace unos años. Me apunté a clases de baile contemporáneo, mi sueño durante años, y fue un auténtico desastre! Todas las alumnas eran chavalitas adolescentes y yo no conseguía seguirles el ritmo... Creo que estuvo bien quitarse de la cabeza cosas que quedaron
pendientes...

También he intentado aprender a tocar la guitarra, y el piano eléctrico hace poco y no he podido con ello. Pero eso seguro que lo retomo en algún momento. ¡No me rindo!

Qué bonito verte disfrutar con tu Violeta!
Besos.

amor de verano said...

jajaja, me encantó este post! se nota que las dos lo están pasando increíble! un abrazo!

Karen Barbé said...

Montse – Ay jajajaja claro ni quise mencionar que yo también era la mayor (más de 20 años de diferencia con los más jóvenes) y la de “huesos más grandes” (nótese el eufemismo) en la sala. Ya no me siento tan sola en mi testimonio ;)

Bueno, te deseo gran éxito en tus experimentaciones musicales.

Más besos.

Carola – ¡Abrazos para ti también!

Paola said...

Querida Karen, pase por la experiencia hace unos 20 años, danza moderna fue lo mío... ojalá tuviera un recuerdo de eso tan lindo como tus fotos con tu sobrina.
Todavía me queda pendiente aprender a tocar guitarra. Por si te animas...

Karen Barbé said...

Pao – Ya me vas a tener que contar en más detalle esa experiencia. ¿Por qué será que nos da por bailar?

Besos.

Raúl Prado said...

Tu vestuario de ballet necesitaba una segunda oportunidad y el deseo de llegar a ser bailarina se ha concretado familiarmente en acompañar en sus primeros pasos a tan hermosa sobrina. Creo que esa energía y entretenida dedicación es invaluable. ¡Enhorabuena!

Estupendas y bien logradas fotos. Y las modelos, un encanto…

Kylie Hunt said...

Such a beautiful post! :)
I study classical ballet for 10 years and it's a long hard journey of learning how to control your movements and then a whole lot of tricky manouveurs on top of that ;) ... what I'm trying to say is that I think you were too hard on yourself. It takes time, like most things. Lovely that you had the chance to play with your niece and pass on your love of dance to her :) Kx

Karen Barbé said...

Muchas gracias, querido Raúl.

Kylie – I know I threw in the towel too soon. I just assumed I didn't have a chance at ballet as I realised I lacked bodily and musical intelligence. Perhaps I need a slow-learning-beginners level where I can feel comfortable at ;)

Iratxe de la Torre said...

Las fotos son preciosas Karen!
A mi aún no me ha dado por el baile, y tomo nota de vuestras experiencias! ;)
En mi caso resulta al revés, y es que en mi clase de costura soy la más joven... últimamente soy la pequeña en todo lo que aprendo.

Karen Barbé said...

Iratxe – Uy pero no te queremos meter miedo con el baile... Cada uno tienes sus talentos y flaquezas. ¿Y sabes qué? Ser la más joven de un grupo es una gran ventaja, tienes todo por aprender y es muy probable que estés libre de todas las mañas que se ganan con la edad (¡ay sí!).